Qué tienen en común las apuestas y los certificados

Bitcoin, una nueva forma de dinero, fue solo la primera aplicación desarrollada sobre la tecnología blockchain. Ahora, estas nuevas redes descentralizadas que no dependen de la confianza están permitiendo que otros segmentos reduzcan los riesgos y le brinden a sus usuarios una transparencia nunca antes vista. Así, entraron a la industria blockchain dos rubros que parecerían no tener nada en común: los escribanos y los casinos.

Apostando por blockchain

Históricamente, los casinos son presionados por los distintos organismos reguladores para abrir sus operaciones y evitar la manipulación. Con la digitalización, la tarea de los auditores se volvió aún más difícil; más que contadores, hoy deben ser peritos informáticos y las trampas se esconden entre miles de líneas de código.

Un registro público, distribuído e inalterable resuelve el el problema de la contabilidad, pero con la llegada de Ethereum, la tecnología empezó a permitir llevar cada vez más partes del casino a la blockchain. Hoy, plataformas enteras de apuestas están montadas sobre redes descentralizadas. Estas están construidas usando lo que se conoce como “contratos inteligentes”, contratos digitales, imparables y completamente digitales.

Innovación ilegal

Mientras que los casinos tradicionales y las plataformas de apuestas digitales ya establecidas siguen manteniendo sus sistemas centralizados, son las plataformas que operan fuera de la ley, o en sus bordes, las que más rápido adoptaron esta nueva tecnología.

Es que para estas resuelve un problema clave: en la ilegalidad, la falta de confianza lleva a negocios más arriesgados y costosos, para los usuarios y quienes mantienen las operaciones por igual. Contar con una tecnología que permite desarrollar plataformas totalmente confiables, justas y resistentes a cualquier intento por bloquearlas es una ventaja competitiva enorme.

Contratos inteligentes, pero viejos

Si bien el auge de la tecnología se dio en 2017, con el boom de las ICO y la facilidad que Ethereum le dio a los desarrolladores, el concepto de los Smart Contracts fue ideado en 1997, por el criptógrafo Nick Szabo.

En su artículo, explora la posibilidad de integrar cláusulas contractuales, como colateral o derechos de propiedad, en hardware y software para hacer que resulte costoso romperlos. En vez de depender de cuestiones físicas como las máquinas expendedoras que automatizan la venta de golosinas, los contratos inteligentes le dan las claves criptográficas a la persona que adquiere un derecho sobre una propiedad, basado en los términos del contrato. A menos que esa persona ingrese la clave, el contrato no puede ser operado.

Para que estos contratos no puedan ser modificados, son publicados en una plataforma descentralizada como lo es Ethereum, haciendo uso de su registro.

Certificados siempre disponibles

Hoy existen múltiples empresas que hacen uso de la tecnología blockchain para publicar contratos, algunos inteligentes y otros tradicionales que simplemente fueron digitalizados y firmados por las partes involucradas. En la Argentina, la empresa Signatura se dedica al registro digital de contratos sobre la blockchain de Bitcoin, considerada como la más segura. Lo que hacen es digitalizar y firmar documentos para luego hashearlos y guardarlos en el registro de Bitcoin, donde cualquier persona puede verificarlo.

Esta práctica permite que ese contrato esté disponible para cualquier persona del mundo, sin importar dónde esté y mientras tenga una conexión a la red Bitcoin. Ya no es un organismo nacional o una persona quien se encarga de mantener y brindar acceso al registro, sino una red descentralizada que asegura su disponibilidad.

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