Qué pasa cuando cualquiera puede crear su propia moneda

Los países tenían el monopolio del dinero. Las personas estaban obligadas a usar la moneda local o a lo sumo alguna alternativa popular como el dólar. Luego llegó Bitcoin. Hoy cualquier comunidad puede optar qué forma de dinero usar. Estamos entrando a un nuevo paradigma donde en todo lugar conviven múltiples divisas. ¿Reinará Bitcoin? ¿Seguirá existiendo Dogecoin? ¿El futuro será multimoneda?

Post-maximalismo

El responsable de acuñar el término “maximalistas del Bitcoin” fue Vitalik Buterin, el creador de Ethereum. La frase surgió como una crítica a quienes depositan su “fe” en la primera criptomoneda, pero pronto fue incorporada por los criticados ya que representaba una postura cómoda: Bitcoin reinará.

Al entrar en los detalles, existen dos clases de maximalismo. El más extremo es el maximalismo monetario, que plantea que el Bitcoin se transformará en la moneda mundial, desplazando a todas las otras formas de dinero. La segunda clase es el maximalismo que pone a Bitcoin como la principal plataforma sobre la cual todos los otros activos deben de ser desarrollados. En este escenario Bitcoin funciona similar a la red Ethereum y le brindaría la infraestructura al resto de las monedas. Es decir, la blockchain de Bitcoin será el eje de todo.

Pero analizar la evolución de las criptomonedas de esta forma es similar a querer predecir el futuro basándose en un paradigma pasado. Las monedas ya no compiten. Ahora las monedas conviven y cada quien puede crear la suya. No se trata de pensar cuántas monedas alternativas habrá. Seguramente sean cientos de miles o millones. Todos los días habrá monedas nuevas, como hoy aparecen nuevos blogs y sitios web cada hora. Algunas tendrán valor, otras no. Pero no dependerá de su nombre o la autoridad que la emita como sucede hoy, sino de las comunidades que las adopten, de su “contenido” y sus reglas.

Las mil monedas

El desarrollo de nuevas criptomonedas funciona bajo las reglas del software libre: quien no esté de acuerdo es libre de usar la tecnología para desarrollar su propio proyecto. Así, de Bitcoin surgió Litecoin y luego apareció Dogecoin para cortar con la seriedad. Con el tiempo llegaron miles de criptomonedas, tokens y blockchains.

La esencia digital de estos nuevos activos no es menor y hace que operen bajo reglas muy distintas a las que limitan al dinero tradicional. La conversión de una moneda a otra puede ser realizada en el acto. Hoy, cambiar Bitcoin por Ether es tan sencillo como definir un monto y un precio. Pero a medida que la tecnología avanza y las plataformas se conectan la cuestión podría volverse aún más sencilla, incluso automática.

Dentro de un evento, podría usarse la moneda de su comunidad. Las billeteras inteligentes podrían comprar el saldo necesario para hacer una compra y realizar el pago en una misma interacción, sin que el usuario tenga que realizar la operación a mano.

Las monedas se están transformando en aplicaciones y como tales, no compiten por los mismos segmentos. El chat no desplazó al email, las redes sociales no mataron a los blogs y los audios de WhatsApp no reemplazaron a las largas conversaciones telefónicas. Las aplicaciones conviven entre si, cada una tiene su uso y favorecen distintas interacciones. Quizás Bitcoin se vuelva la principal reserva de valor, pero los creadores de memes reciban Dogecoin. O quizás alguien les envía la moneda de su comunidad favorita para que sepan de dónde viene.

Cualquiera puede elegir qué moneda usar para expresar valor. Ahora, ¿quién puede asegurar que todos elegirán la misma?

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