¿Qué es Cardano y su sistema de “Proof of Stake”?

Autor: Alejandro Javier Ciruelos. Tercer lugar en el I Concurso Buenbit para Generadores de Contenido.

Descargo de responsabilidad: las opiniones expresadas en el presente artículo corresponden únicamente a la visión del autor y no están respaldadas en totalidad por las bases educativas fundamentales de Buenbit.

¿Por qué confiar en bitcoin o en las criptomonedas? Yo mismo me hice esta pregunta mientras me acercaba con marcado escepticismo, y a la vez febril curiosidad, al mundo cripto desde el desconocimiento absoluto. 

Las primeras y más obvias respuestas están siempre relacionadas con la independencia de los políticos inescrupulosos que prostituyen el valor del dinero con manejos irresponsables, que provocan inflación y otros desastres monetarios (y muchas veces sociales), y con la eliminación de intermediarios como bancos y financieras que, regulados por los estados, nos aparecen como barreras “naturales”, onerosas y casi insoslayables para relacionarnos con responsabilidad y libertad con nuestro dinero. Pero esa resulta una respuesta demasiado evidente y superficial. ¿Cuáles son los factores que hacen que las criptomonedas nos beneficien con libertad en el manejo de nuestro dinero?

Pocos meses después, no se me ocurre mejor respuesta a esa pregunta que “Descentralización” y “Protocolo de consenso”. Cuatro palabras muy fáciles de escribir y muy difíciles de explicar.

La mayoría de nosotros sabe que, desde el abandono de los EE.UU. en agosto de 1971 de los acuerdos de Bretton Woods y del “patrón oro”, el valor de la principal moneda fiduciaria (el dólar), se ha despegado de su respaldo en metales preciosos y sólo se sustenta en el “consenso” más o menos universal y más o menos infundado, de su calidad de “reserva de valor”. Algo muy parecido a la fe o a una creencia religiosa. Si bien conocemos el medio por el que se generan (impresión por parte de los bancos centrales), desconocemos con qué criterio, asiduidad, necesidad e intención se imprimen los billetes.

Las principales blockchains, por el contrario, son creíbles, transparentes, trazables y auditables respecto de todos los tópicos en los que las monedas fiduciarias no lo son y eso se debe, principalmente, a las ya mencionadas “Descentralización” y “Protocolo de consenso”.

Si bien no es la finalidad principal del presente artículo, resulta necesario dar una explicación lo más sencilla posible respecto de qué es el “protocolo de consenso”, aún a riesgo de que la simpleza de la explicación, para hacerla entendible a los no iniciados, sacrifique exactitud técnica. Pido perdón por ello.

El orden, el contenido y la secuencia de todas las transacciones que se hacen en una blockchain (como bitcoin) se inscriben en bloques de información computacional. La creación de tales bloques supone la resolución de complejisimas operaciones matemáticas que deben ser resueltas con la mayor celeridad posible. La exactitud de tales operaciones matemáticas es lo que llamamos “consenso”, ya que coincidimos en su exactitud y confiabilidad (salvo que voluntaria y estúpidamente decidamos abandonar el paradigma científico que entronizó a las matemáticas como madre de todas las ciencias desde hace centurias).

El “protocolo” (o método) mediante el cual se logra la generación de los bloques cuyo orden, secuencia y contenido reputamos como ciertos o confiables “por consenso” puede adoptar diversas formas.

Bitcoin lo logra mediante un algoritmo que otorga mayores posibilidades de generación de los bloques a los nodos descentralizados (equipos informáticos muy importantes), que con el consumo ingente de la energía eléctrica que su uso demanda tienen más posibilidad por su potencia, de resolver las operaciones matemáticas que los conforman, con independencia del lugar físico o geográfico en el que se encuentren. A esta técnica se la conoce como “Proof of Work (Prueba de Trabajo), ya que es el potente trabajo de distintas computadoras las que deciden cuál es el “nodo descentralizado” que creará (minará) un bloque. 

Por tal logro, basado principalmente en el consumo de energía, el nodo que logra minar un bloque se ve recompensado con una cantidad predeterminada de Bitcoin.

El método (o protocolo), descrito, no es el único existente para decidir quien logra “inscribir” un bloque en la red o blockchain.

Uno de los métodos (protocolos) alternativos, para lograr el “consenso”, se conoce como Delegated Proof of Stake (Prueba de Participación Delegada) y es el protocolo elegido por la blockchain de Cardano.

En este tipo de blockchain, los tenedores del criptoactivo nativo de la red (ADA, en este caso), deciden, voluntariamente, delegar sus monedas en un pool (o representante), a fin de que el algoritmo de la blockchain elija de forma más o menos aleatoria, qué grupo o pool de tenedores de las monedas, resultan exitosos en la inscripción de un bloque en la cadena (en éste sistema, la inscripción de un bloque, no se llama minado, sino que se denomina forjado).

A cambio del logro de la inscripción o forjado de un bloque, el pool de delegantes recibe una recompensa en activos nativos de la blockchain, que son repartidos entre sus integrantes.

Si bien en un comienzo los grupos que más capital o más delegantes logran concitar son los más favorecidos para generar bloques y obtener recompensas, el propio algoritmo de selección se encuentra “programado” para descentralizar paulatinamente la forja de bloques, hasta que al final del proceso la centralización tienda a cero y que cada vez resulte menos relevantes el capital invertido, o la cantidad de delegantes concertados para conseguir ser el pool elegido por el algoritmo, para la generación (o forjado), del bloque.

Este protocolo tiene (como todos) algunos inconvenientes. Los más importantes son la posibilidad de cartelización de los pools, que perjudiquen la descentralización y los múltiples flancos de ataque a la red.

Ahora bien, por otro lado, el diseño de la red, estructurada horizontalmente y en una especie de participación colaborativa de pools que, aún colaborando, compiten por la posibilidad de forjar bloques (y que son, a la vez, órganos de gobernanza de la blockchain), ha producido un fenómeno sociológico que supera holgadamente los beneficios logrados por bitcoin.

En efecto, la descentralización horizontal y participativa de la blockchain de Cardano, ha dado a luz una increíble profusión de grupos de inversores, traders, curiosos y fanáticos, en todo tipo de redes sociales y sitios web, entre los que, inesperadamente, se ha generado un espíritu de camaradería inaudita. En tales grupos, los intervinientes más expertos invierten generosamente el bien más escaso y preciado que tiene el hombre, su tiempo, para ayudar a los novatos y curiosos en los procesos de adquisición, aperturas de wallets, estrategias de inversión, uso de exchanges y difusión de cada uno de los detalles del proyecto.

A todo lo expuesto se le suma la existencia del proyecto Catalyst, que permite la inversión de importantes cantidades de ADA en proyectos sugeridos por la propia comunidad, que son sometidos a votación y que abarcan desde planes para fortalecer las virtudes financieras del sistema y la promoción de su expansión hacia otros modelos de negocios, hasta propuestas con un altísimo contenido altruista como el apoyo a la labor de organismos internacionales o la generación de mejores condiciones de vida en comunidades carentes en África.

Sin embargo, el proyecto Cardano se encuentra en sus albores primigenios y sus próximos pasos incluyen la facilitación (incluso para los no especialistas en programación), de la redacción, perfeccionamiento y ejecución de contratos inteligentes, integración de Dapps y la inclusión de toda la gama imaginable de negocios financieros, todo ello con fluidez y según se avizora, con exiguos costos por la utilización de la red.

Me gusta pensar en la dinámica descrita como una especie de llamativo revestimiento humano y gregario, que recubre y engalana a un sólido esqueleto tecnológico-financiero. Algo parecido al efecto que produjo en el arte, el Renacimiento que como humanidad, experimentamos a partir de los siglos XIII y XIV, poniendo al hombre en el centro de la escena.

Admito que conforme los intereses, valores, formación y experiencias con las que cada persona pueda haberse conformado como individuo, puede verse alternativamente al fenómeno Cardano como un cazabobos, una secta sesentista, un proyecto financiero con algún futuro o la evolución social de la revolución iniciada por bitcoin.

Lo cierto es que resulta una experiencia digna de observación y análisis y una interesante variable a tener en cuenta, cuando intentamos responder a la pregunta que da inicio al presente artículo: ¿por qué confiar en las criptomonedas?