Más vale prevenir que curar: te contamos qué dicen las leyes impositivas argentinas acá

El marco regulatorio fiscal para las criptomonedas está verde, lo que da lugar a interpretaciones variadas. Concretamente, ¿qué dice sobre los principales impuestos? Para responder, partimos de la conceptualización de ‘criptomoneda’, que podés saltear si querés, para ver después cómo se la aborda en la ley fiscal argentina y qué implica.

La criptografía es el desarrollo de técnicas para modificar información —mensajes o archivos, por ejemplo— con el objetivo de que no puedan ser leídos por quienes no estén autorizados a hacerlo, es decir, aquellos a quienes no se les dio el conocimiento técnico necesario. Los primeros métodos criptográficos nacieron en la Antigua Grecia para evitar que se difundieran secretos militares; en griego, de hecho, la palabra criptografía significa ‘escritura oculta’.  Así que, como vemos, el concepto no tiene nada novedoso.

Sin embargo, a medida que la tecnología fue evolucionando, los métodos criptográficos fueron cambiando y perfeccionándose hasta llegar al estudio de los algoritmos, protocolos y sistemas que se utilizan para dotar de seguridad a las comunicaciones, a la información y, entre otras cosas, a las… criptomonedas, por supuesto.

Esto lo decimos, ni más ni menos, como punto de partida para comprender qué es una cripto-moneda: grosso modo, un activo digital formado por información encriptada. 

Existen tres métodos de criptográficos: los simétricos (emplean una sola llave para cifrar información, que la comparten el emisor y el receptor); los asimétricos (utiliza dos llaves, una pública y otra privada; la primera está al alcance de todo el mundo, mientras que a la segunda la conserva solo el emisor); y luego, métodos híbridos.

Siendo un poquito más técnicos ahora, diremos que las criptomonedas son activos digitales que se producen a través de la resolución de problemas matemáticos, que basan su seguridad en el uso de la criptografía para garantizar la seguridad de las transacciones y controlar la creación de unidades infalsificables e inviolables basadas en la Blockchain

Por su parte, la tecnología Blockchain implica que las criptomonedas se construyen a partir de datos almacenados de forma virtual dentro de un sistema donde una cantidad infinita de usuarios tiene una copia actualizada  de dichos datos en su computadora. 

Se suele explicar este concepto como un libro de contabilidad digital, cuyas hojas o registros individuales de información (los famosos bloques) forman el libro (la cadena de bloques), una vez que obtienen la aprobación del resto de los usuarios del sistema. Y cada bloque nuevo tiene una identificación numérica, equivalente a una firma digital, que lo hace correlativo al bloque anterior, con el cual debe coincidir exactamente.

Podemos imaginarlo también como un gran libro electrónico de actas donde se registran operaciones, aunque, en lugar de existir un escribano que legitime estas actas una a una, la validación la efectúa el conjunto de usuarios del sistema sin necesidad de un tercero externo al sistema, gracias, justamente, a la criptografía y la Blockchain. (En este post hablamos sobre otras aplicaciones blockchain).

Entonces las criptomonedas son registros en la blockchain; es decir, no es un archivo digital (y menos todavía un activo tangible) que se transfiere de un sujeto a otro, sino que, simplemente, es una especie de asiento contable incorporado en una cadena de bloques.

Marco regulatorio general y concepto criptomoneda

El objetivo de la breve exposición anterior fue llegar a una conceptualización de criptomoneda para comprender en profundidad las regulaciones fiscales existentes. Así llegamos a la primera y  única definición normativa en la Argentina del concepto “moneda virtual”, que fue dada por la Unidad de Información Financiera (UIF), mediante la Resolución 300/2014 (Boletín Oficial, 10/07/2014). 

Según la UIF, las monedas virtuales son “…la representación digital de valor que puede ser objeto de comercio digital y cuyas funciones son la de constituir un medio de intercambio, y/o una unidad de cuenta, y/o una reserva de valor, pero que no tienen curso legal, ni se emiten, ni se encuentran garantizadas por ningún país o jurisdicción. 

En este sentido, las monedas virtuales se diferencian del dinero electrónico, que es un mecanismo para transferir digitalmente monedas fiduciarias, es decir, mediante el cual se transfieren electrónicamente monedas que tienen curso legal en algún país o jurisdicción”. 

¿Qué sucede? Como bien señala Marcos Zócaro (julio, 2020), la definición de la UIF abarca solo a las “monedas virtuales” y no a las “monedas digitales” o “criptomonedas”

Por su parte, como también nos indica el especialista, el organismo internacional GAFI sostiene que por “monedas digitales” debe entenderse “…una representación digital de cualquier moneda virtual (no dinero fiduciario) o de dinero electrónico (dinero fiduciario)…” (GAFI, 2014). 

Sin embargo, ni la UIF ni ningún otro organismo local ha brindado una nueva definición de qué se debe entender por “monedas virtuales”

Recién con la reforma tributaria de 2017, se incorporó la expresión “moneda digital” al cuerpo normativo argentino. 

Conclusión parcial: no contamos con una clara, completa y actualizada definición de los conceptos “moneda virtual”, “moneda digital”, “criptomonedas” y “criptoactivo”. 

En tanto, la Comisión Nacional de Valores (CNV) emitió un comunicado el 4/12/2017 donde alertaba a los inversores sobre los potenciales peligros de las ofertas iniciales (ICO). En ese documento, se habló explícitamente de “falta de regulación específica”. 

Anteriormente, otra de las entidades reguladoras principales del país, el Banco Central de la República Argentina (BCRA), en mayo de 2014, lanzó un comunicado en el cual afirmó que las monedas virtuales “no son emitidas por este Banco Central ni por otras autoridades monetarias internacionales, por ende, no tienen curso legal ni poseen respaldo alguno”.

Ya en el 2019, concretamente el 31/10/2019, el BCRA expidió la Comunicación “A” 6823, donde impide la utilización de tarjetas de crédito (emitidas por entidades locales) para la “adquisición de criptoactivos en sus distintas modalidades” en exchanges del exterior. 

Con dicha norma, podríamos decir que la entidad bancaria busca reducir la salida de dólares de sus reservas. Se trató, pues, solo de una medida cambiaria que también imposibilita el uso de tarjetas para otros consumos en el exterior (juegos de azar, por ejemplo), pero no fue una prohibición de la operatoria con monedas virtuales. 

Finalmente, la Comunicación “A” 7030 del 28/05/2020 (modificada por la “A” 7042 con fecha 11/06/2020) estableció que aquellos sujetos que deban acceder al mercado único y libre de cambios para adquirir divisas, por ejemplo, con el objetivo de saldar obligaciones internacionales (como pago a proveedores) y sean titulares de activos externos por un monto superior a los USD 100.000, deberán disponer de ellos (al menos hasta encontrarse por debajo de dicho límite) para pagar sus obligaciones internacionales antes de acudir al MULC. Entre estos activos externos se incluye (además de billetes de divisas extranjeras) a los criptoactivos, pero, nuevamente, sin dar una explicación de qué debemos entender legalmente por ellos. Así, acá nos encontramos, otra vez, ante una mera medida cambiaria y no frente a una regulación específica sobre las criptomonedas. 

Impuestos

  1. Impuesto a las ganancias

Si la ganancia es de fuente extranjera, se tributará acorde al tercer párrafo del art. 94 de la LIG (alícuota del 15%); si es fuente argentina, se estará frente al Impuesto Cedular del art. 98 (15% o 5%9), de acuerdo con la Ley 27.430 (Boletín Oficial, 29/12/2017).

Sin embargo, sigue indefinido el concepto “moneda digital”: ni el nuevo texto de la LIG ni la modificación del Decreto Reglamentario, ni ninguna Resolución General de AFIP emitida hasta el día de hoy se pronunció sobre qué se debe entender por moneda digital.

Además, hay otro problema grave: ¿cómo determinar dónde está el emisor de la cripto, ya que esta se encuentra en la Blockchain distribuida en bloques a lo largo y a lo ancho del mundo? Al día de hoy, no contamos con una respuesta legal.

Entonces, ¿debemos pagar este impuesto o no? Si la transacción/es supera/n el mínimo de ganancia al vender, sí. Marcos Zocaro nos explica este punto en profundidad acá.

  1. Bienes personales

En lo que respecta a bienes personales, la Ley 23.966 no menciona específicamente a las monedas digitales (ni virtuales ni ningún concepto atribuible a criptoactivos) y, por lo tanto, no se desprende claramente del texto el tratamiento a aplicar a la tenencia de estos activos.

María Eugenia Marano y Nicolás Gross, desde el Centro de Investigación y Prevención de la Criminalidad Económica (cipce), sostienen que “todo parece indicar que para la AFIP las monedas digitales deben recibir un tratamiento similar al de los valores negociables sin serlo, al menos mientras no reciban tal calidad regulación mediante”. 

Estos autores, al mismo tiempo, señalan “la oscuridad y la pereza” del régimen tributario con respecto a las criptomonedas. En tanto, un sector de los especialistas en la materia opina que las criptomonedas son asimilables a la categoría de bienes intangibles y, por lo tanto, quedan exentos del impuesto a los bienes personales

  1. Ingresos brutos

El Impuesto sobre los Ingresos Brutos grava el ejercicio habitual y a título oneroso (un contrato que implica obligaciones recíprocas para las dos partes) del comercio, industria, profesión, oficio, negocio, locaciones de bienes, obras y servicios, o de cualquier otra actividad a título oneroso —lucrativo o no— cualquiera sea la naturaleza legal del sujeto que la preste, a nivel provincial.

En este sentido, los elementos centrales del gravamen son la habitualidad, la onerosidad y el elemento espacial

Ahora bien, en la compraventa de monedas digitales sería fácil determinar cuándo se está frente a una actividad onerosa. Sin embargo, ¿cómo se puede determinar objetivamente si se está desarrollando una actividad habitual o solo son unas pocas operaciones aisladas? Este último punto debería aclararse. 

Y, una vez más, ¿cómo determinar el aspecto de la territorialidad tratándose de criptomonedas?, ¿dónde están ubicadas? En este sentido, si no se encontraran en la provincia que fuera, no estarían gravadas. 

Resumen 

En síntesis, en referencia al impuesto a las ganancias, las fuentes consultadas recomiendan liquidar el impuesto en caso de que se supere el mínimo de ganancia de las transacciones realizadas con criptomonedas. Mientras tanto, en los casos del IVA y de bienes personales, las leyes no dicen nada; y, por último, en el caso de los ingresos brutos, las leyes tampoco explicitan nada.

Conclusión

Hasta el momento, las regulaciones argentinas con respecto a las criptomonedas son imprecisas, y la obligatoriedad de pagar impuestos por tener o intermediar criptomonedas no queda en claro. El único caso que se ve más patente es el del impuesto a las ganancias, e incluso al respecto todavía falta una mayor precisión desde el fisco, que muchos especialistas piensan que está al caer.

La mejor recomendación, por ahora, y más cuando se habla de intermediación de importantes sumas, es consultar con un contador especializado en estas cuestiones, que no son nada sencillas. Y un dato adicional: hasta la fecha, la compraventa de criptomonedas no está sujeta al “cepo cambiario” ni a las demás restricciones establecidas por el BCRA y la CNV sobre los denominados “dólar bolsa (MEP)” y “contado con liquidación (CCL)”.

Este artículo fue elaborado el 12/08/2020, utilizando diversas fuentes, pero siguiendo, principalmente, el informe titulado El marco regulatorio de las criptomonedas en Argentina – Comparativa con otros países (link), publicado el 3/7/2020 por Marcos Zocaro, tributarista especializado en criptomonedas.

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