El problema invisible del dinero fácil

¿Quién no desearía tener una máquina de imprimir billetes, sean pesos, dólares o una moneda nueva? Esta pregunta tenía sentido hace algunos años, pero hoy cualquiera puede tenerla. Basta con copiar el código de alguna criptomoneda y crear la propia, pero si algo demostró el mercado luego del boom de los tokens y las Ofertas Iniciales de Monedas (ICO) es que esta clase de dinero “fácil” tiene más problemas que virtudes.

No tán rápido

El dinero fácil y el dinero duro o difícil son conceptos de la Escuela Austríaca de economía. Figuras como Ludwig von Mises y Carl Menger plantearon un modelo según el cual algunos de los problemas que enfrenta hoy el mundo, como las crisis financieras, son causados por el dinero fácil y la implementación de políticas monetarias inflacionarias. Incluso, en 1984, el economista Friedrich Hayek anticipó la llegada de una nueva divisa que no sería controlada por ningún gobierno y que reemplazará el vacío que dejó la salida del patrón oro a principios de la Segunda Guerra. Hoy, muchos de quienes leen esta clase de comentarios no puede evitar pensar en las criptomonedas.

El dinero fácil se refiere a todo medio de cambio que pueda generarse, ya sea al imprimirlo o extraerlo, sin incurrir en grandes costos. Por ejemplo, imprimir millones de dólares es relativamente barato a comparación de extraer una cantidad equivalente de oro. Pero aunque el menor consumo de recursos y energía parece ser ventajoso, también genera problemas. Es que si el precio aumenta los encargados de producirlo siempre se van a ver incentivados a aumentar la producción y por lo tanto inflar la cantidad de dinero en circulación.

En principio, suena como una excelente oportunidad de negocios, y lo es a menos que estés entre aquellas personas que lo usa para guardar sus ahorros. Quienes ahorren en dinero fácil, quedarán a la merced de quienes usen un dinero mejor. Es por esto que, por ejemplo, algunos destinos turísticos resultan “baratos” y otros más caros, según el tipo de cambio.

Oro digital

El dinero duro (hard money) es aquel que no puede inflarse fácilmente. Es que el oro, una de las formas de dinero duro con más trayectoria, resulta caro y difícil de extraer. Aún cuando su precio sube, las mineras no pueden aumentar fácilmente su ritmo de extracción. El resultado es que aún en sus mejores años, la extracción de oro “nuevo” solo alcanzó el 2 por ciento del circulante. En circulación hay más de 50 veces la cantidad de oro que se extrae en un año y este número continúa aumentando.

Pasando al mundo blockchain, Bitcoin no solo fue la primer criptomoneda en consolidarse, sino que también hizo historia al ser el primer activo cuyos productores no pueden acelerar su emisión. Si las mineras destinan más recursos a extraer oro ante una subida de su precio, esto generará una mayor inflación y por lo tanto el precio volverá a caer o al menos sufrirá una corrección.

Pero en el caso de Bitcoin, si la industria “minera” destina más recursos, lo único que hacen es aumentar la seguridad de la red y cambiar cómo se distribuye la emisión de bitcoins. Hoy, la red recompensa a los mineros con 12,5 BTC por bloque y protocolo se encarga de ajustar la dificultad a medida que aumenten los recursos para que estos se descubran aproximadamente cada 10 minutos. La emisión de bitcoins no se puede acelerar y con el tiempo es cada vez menor.

Analizando la inflación del las monedas circulantes, Bitcoin resulta una alternativa de dinero duro similar al oro, pero con la ventaja de estar al alcance de cualquiera con una computadora o un dispositivo móvil.

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