Cómo Ethereum se convirtió en el segundo indiscutido del ecosistema

Ethereum se hizo con el título de la segunda criptomoneda del mercado, desplazando a Litecoin ni bien lanzó su red allá por el 2015. Qué fue lo que le permitió diferenciarse de Bitcoin y ser la plataforma sobre la que otras tantas empresas lanzaron sus tokens.

Bitcoin se queda corto

Ethereum surge a partir de la disconformidad de un chico de 19 años. En ese entonces Vitalik Buterin era conocido por escribir artículos sobre Bitcoin, pero creía que la tecnología blockchain tenía el potencial de permitir el desarrollo de aplicaciones más complejas. En un principio propuso agregarle la capacidad de escribir pequeños programas llamados scripts a Bitcoin, pero fue rechazada por la comunidad. Fue entonces que decidió impulsar el desarrollo de una nueva plataforma con un enfoque más general. En 2013, Buterin publica el whitepaper de Ethereum.

La primera ICO

El primer problema con el que se enfrenta Ethereum es la falta de fondos para financiar el desarrollo de la plataforma. En vez de acercarse a distintos capitales de riesgo, prefieren que la comunidad se haga cargo del proyecto y lanzan una campaña de financiación colectiva. Como Bitcoin ya era una moneda establecida, pudieron usarlo como medio de pago y levantar el monto necesario. En agosto del 2014, termina la venta y Ethereum pasa a tener un presupuesto de más de 18 millones de dólares tras vender el 13% del ether.

Sin saberlo, la nueva red descentralizada se convirtió en el primer caso de una tendencia que marcaría la llegada de las criptomonedas a los medios masivos.

Software descentralizado

Ethereum se enfocó en brindar a los desarrolladores la infraestructura para crear servicios y aplicaciones imparables, resistentes a la censura y descentralizadas. Mientras Bitcoin se apropió de la palabra criptomoneda, la idea de Buterin derivó en el auge de un nueva clase de activos, los tokens.

La tecnología de Ethereum permite que cualquiera cree su propio activo digital, escaso o no, y determine las reglas de su emisión. Así, se disparó un movimiento que combinaba las virtudes del crowdfunding, una forma de financiación colectiva que cambió el juego de la mano de empresas como Kickstarter e Indiegogo, y la facilidad para los pagos internacionales que ofrece Bitcoin.

Con cada nuevo proyecto que se establece sobre Ethereum, aumenta la demanda de ether, la moneda nativa de la red. El ether se convirtió literalmente en la gasolina de una nueva economía. Cada vez que se ejecuta código sobre la plataforma, quien lo hace debe pagar con ether por los recursos necesarios para hacerlo. Cada vez que alguien realiza una transferencia de tokens de una dirección a otra, también.

Montaña rusa

Con la primera generación de tokens montada sobre su espalda, Ethereum se posicionó como la segunda red descentralizada más importante del ecosistema. En 2017, el “rally” alcista no solo vio al ether dominando el segundo lugar del mercado, sino que también los tokens emitidos sobre la plataforma mediante ofertar iniciales de monedas fueron los favoritos de los inversores.

Hoy, no es la única plataforma para correr aplicaciones descentralizadas, las llamadas Dapps. Otras plataformas compiten por el interés de los desarrolladores. Por ahora, el ether sigue siendo el segundo indiscutido y la llegada de nuevos activos como las stablecoins podría asegurarle el lugar, pero al igual que Buterin vio una necesidad y un mercado, el panorama es siempre cambiante y hay lugar para que otros proyectos encuentren la solución al problema de la escalabilidad y los costos que hoy siguen sin una respuesta definitiva.

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